pintura de John William Waterhouse

11/08/2010

John William Waterhouse

En su estudio londinense del 10 Hall Road, St John’s Wood, pintando Lamia (1909).

John William Waterhouse nace en Roma en Abril de 1849, ciudad en la que sus padres, de nacionalidad inglesa y aficionados a la pintura, se hallan trabajando. Durante su niñez se le apoda como “Nino”. Tras aprender en el taller italiano de su padre, en 1870 ingresa en The Royal Academy Schools de Londres. Tan sólo dos años más tarde, en 1872, exhibe sus obras en la Sociedad de Artistas Británicos y en 1874 en The Royal Academy.

A la edad de 28 años, viaja por el extranjero durante dos años, con especial predilección por Italia, de aquí que sus primeras pinturas se vean claramente influenciadas por las costumbres y vida italianas. De hecho, cuando tan sólo supera los veinte años, el artista ya crea algunos cuadros peculiares con cierta reminiscencia al mundo Oriental. No obstante, la mayoría de las creaciones pertenecientes a esta época se ven influenciadas por la historia antigua y el género clásico, trabajos muy similares al también pintor Alma Tadema. (Veáse este ejemplo en “Consulting the Oracle”, 1882).

A pesar de esta similitud, cabe destacar que John William Waterhouse pintó en una escala de variedad mucho más amplia que la de Alma Tadema. La pintura de Waterhouse resulta mucho más valiente y audaz, la luz en sus obras provoca sombras deslumbrantes y las historias reflejadas en sus cuadros son mucho más dramáticas.

Tras una época inspirada en la temática clásica (Grecia y Roma fueron las predilectas), a partir de 1880, inicia una etapa creativa basada en temas puramente literarios. En sus últimas obras se evidencia una clara influencia de la literatura y mitología griegas.

Es importante destacar que el estilo pictórico de Waterhouse, distinguido, soñador y romántico, se mantuvo casi inalterado durante toda su carrera. Es a partir de 1900 cuando éste se presenta algo más relajado y suelto y con colores más claros y brillantes (debido seguramente a la influencia de Impresionismo y el movimiento estético de la época).

Hacia 1891, Waterhouse conoce a una bella modelo. En el mismo año empieza a posar para sus cuadros, obras que años después seran los más famosos del pintor. Jamás se ha conocido la identidad de esta mujer con certeza, aunque todo apunta hacia el nombre de Muriel Foster.

Desde el año 1880 exhibe anualmente en The Royal Academy y en The Academy. Es elegido socio y académico de The Royal Academy en los años 1885 y 1895 respectivamente. Por estas fechas sus trabajos son muy bien recibidos y llegan a compararse con los de Burne-Jones o Leighton, grandes representantes de la segunda etapa del fenómeno Prerrafaelita. A principios del S.XX su estilo se empieza a considerar como caduco, aunque sigue siendo apoyado por la revista artística “The Studio”.

Después de Sir Henry Tate, a quien ha pertenecido la trilogía inspirada en el poema de Tennyson, Waterhouse es patrocinado por el financiero Alexander Henderson, quién desde 1903 hasta 1917 le compra varias pinturas hallándose entre ellas “Lamia”, de 1905. El 10 de Febrero de 1917 Waterhouse muere en la ciudad de Londres.

Muchos de sus trabajos, tales como “Hylas and the Nymphs”, 1896 y “Ulisses and the sirens”, 1891, han sido comprados por varios museos británicos provinciales y galerías públicas de Australia. Lo que quedó de su taller tras su muerte fue subastado el 23 de Julio de 1926 en Christie’s, Londres.

John William Waterhouse es uno de los artistas más populares de los que, a partir de 1880, revivieron los temas literarios popularizados por la Hermandad Prerrafaelita (Preraphaelite Brotherhood). Sin embargo, para muchos historiadores, no puede considerarse como artista Prerrafaelita debido a su técnica pictórica. Aunque los temas tratados en sus lienzos guarden similitud con los de los artistas pertenecientes a la Hermandad, Waterhouse está más próximo al Romanticismo Victoriano. También es cierto que, para otros estudiosos, el pintor es considerado como un prerrafaelita ‘tardío’. Basta prestar atención a la dedicación de la belleza femenina, la idea de la “femme fatale” y el carácter realista de sus obras.

No hay duda de que John William Waterhouse ha creado un modelo de belleza femenina distintivo y personal. Su necrología, aparecida en “The Times” el 12 de Febrero de 1917, lo ha descrito como un artista influenciado por Burne-Jones pero menos insistente en el diseño y más en la atmósfera. Uno de las obras que mejor ejemplifican esta tendencia es “The Lady of Shalott” de 1888, la primera de las tres pinturas basadas en el poema de Alfred Tennyson (“The Lady of Shalott”) y de las más populares del pintor.

John William Waterhouse – “Gather Ye Rosebuds” (Recogiendo botones de rosas) – 1909

 

 

John William Waterhouse – “The Magic Circle” (El Círculo Mágico) – 1886 – Óleo sobre lienzo (183 x 127)

 

 

John William Waterhouse – “The Soul of the Rose, Aka My Sweet Rose” – 1908


pinturas de Henry Ossawa Tanner

31/10/2009

Henry Ossawa Tanner en 1907

Henry Ossawa Tanner (1859 – 1937), fue un artista negro estadounidense conocido por sus pinturas de temas religiosos, escenas de género y retratos. Fue el primer artista afroamericano en ganar el reconocimiento internacional. Su vida fue muy difícil. Aunque se ganó la confianza como artista y comenzó a vender su trabajo, el racismo era una condición frecuente en Filadelfia. La pintura se convirtió en una fuente terapéutica de liberación para él, pues la falta de aceptación fue muy dolorosa. En un intento por ganar la aceptación artística, Tanner dejó los Estados Unidos y se fue a Francia en el invierno de 1891. A excepción de ocasionales y breves regresos a casa, pasaría el resto de su vida allí. Moriría en Paris en 1937 a los 77 años.

Henry Tanner, The Annunciation. 1898

The Annunciation, La Anunciación. 1898. Óleo sobre lienzo. (144.78 x 181.61 cm). Philadelphia Museum of Art. El arcángel Gabriel notifica a María que ha sido fecundada por el Espíritu Santo y que el fruto de su vientre será el Mesías.Ver aumentado

Henry Tanner, The Banjo Lesson 1893

Henry Tanner, The Banjo Lesson, La lección de Banjo, 1893. Óleo sobre lienzo. (124.46 x 90.17 cm) Hampton University Museum, Virginia.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, el Amor

24/10/2009
Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi (Florencia, 1 de marzo de 1445 – Idem, 17 de mayo de 1510), apodado Sandro Botticelli, fue un pintor cuatrocentista italiano. Menos de cien años después, este movimiento, bajo el mecenazgo de Lorenzo de Médicis, fue considerado por Giorgio Vasari como una “edad de oro”, un pensamiento que convenientemente encabezaba su Vita de Botticelli. Su reputación póstuma disminuyó, siendo recuperada a finales del siglo XIX; desde entonces, su obra se ha considerado representativa de la gracia lineal de la pintura del primer Renacimiento, y El nacimiento de Venus y La primavera son, actualmente, dos de las obras maestras florentinas más conocidas.

Biografía

El nacimiento de Venus, el Amor.

ver imagen ampliada

No se conoce la fecha exacta de su composición, ni tampoco el comitente para el cual fue ejecutado. Actualmente se considera que debió pintarse entre 1482 y 1484, en cualquier caso, después de la estancia romana de Botticelli.

Las fuentes literarias de esta obra son Las metamorfosis de Ovidio y Angelo Poliziano. Además, existía en la Florencia de la época el recuerdo de una pintura legendaria del griego Apeles, titulada precisamente Nacimiento de Venus y que Poliziano describe en una poesía:

Por los céfiros lascivos empujada / veríais la diosa que del mar salía / exprimiendo cabellera remojada / mientras otra mano el pecho la cubría.
Giostra, 101

Este cuadro ha sido interpretado como uno de los de mayor sentido neoplatónico; simbólicamente expresaría el nacimiento de la “Venus Humanitas”, es decir, de la unidad, la armonía, encuadrada dentro de los tres elementos: tierra, mar y aire. En el renacimiento había grupos de florentinos que obedecían a los mandatos de Platón, ellos decían que el ser humano debía buscar la unidad entre la belleza, el amor y la verdad, estas cualidades se encarnan en la figura de la Venus. Podría entenderse en este sentido el cuadro como la Humanitas neoplatónica en el momento de llegar a Florencia (representada por la figura de la derecha).

Análisis del cuadro

Según cuenta la leyenda Venus, diosa del amor, nació de los genitales del dios Urano, cortados por su hijo Crono y luego arrojados al mar. El título de la obra no es, por lo tanto, exacto, ya que el cuadro no representa el momento del nacimiento de la diosa, sino que muestra la llegada de Venus, sobre una concha, a la playa de una de las islas que tradicionalmente se le dedican, como Chipre, Pafos o Citerea. La diosa es empujada por el soplo de los dioses alados, entre una lluvia de flores.

A la izquierda aparecen los primeros dos personajes de la obra. Uno de ellos es Céfiro (Dios del viento del oeste); a su lado está Cloris (que significa pálido). Es la ninfa de la brisa y esposa de Céfiro a quienes los romanos apodaron Flora. También se ha identificado con Aura, diosa de la brisa. Céfiro y Cloris, fuertemente abrazados simbolizan la unión de la materia y el espíritu. A su alrededor caen rosas, flores que según la leyenda después se convertirán en seres.

El centro de la composición está ocupado por la diosa Venus sobre una concha que flota en un mar verdoso. Tiene la actitud de una Venus púdica: una mano sobre el pecho y otra sobre el sexo. Cubre con sus largos y rubios cabellos sus partes íntimas, aunque la larga cabellera, colocada en la entrepierna, acaba recordando al vello púbico, cuya representación estaba prohibida. El cabello es un ornamento eminentemente erótico; Botticelli lo pinta con largos arabescos que rozan la anatomía de la diosa con una delicada caricia. Con su brazo derecho trata delicada y casi inocentemente de taparse sus pechos. Su postura curvilínea sigue siendo propia del gótico. Ahora bien, el contrapposto, con todo el peso en la pierna izquierda y el pie derecho un poco atrasado y ligeramente levantado, se considera una actitud inspirada en las estatuas antiguas en particular las del helenismo. Se representa, sin embargo, al prototipo de belleza botticelliana semejante a la que aparece en La calumnia de Apeles; se cree que en esta Venus pudo representar a Simonetta Vespucci, glorificada en las Stanze de Poliziano, aunque la cuestión ha de quedar abierta. El rostro recuerda al de las vírgenes de Botticelli: muy joven, de boca cerrada y ojos claros. Su expresión melancólica es impropia de la Antigüedad, asociándose más bien a la expresión de una bondad de raigambre cristiana. La piel de Venus es de color marfil, un blanco con una ligera tonalidad amarillenta y con ocasionales matices rosa. Esta tonalidad no recuerda a la piel, no sugiere carne tibia y flexible, sino la superficie y la firmeza de una estatua.

Desde los tiempos de la Roma clásica no se había vuelto a representar a esta diosa pagana desnuda y de tales dimensiones: el desnudo femenino, considerado pecaminoso en el arte medieval cristiano, se recupera en el Renacimiento como símbolo de inmaterialidad. Esta Venus no representa el amor carnal o el placer sensual sino que, con su postura y sus facciones finas, se acerca más al ideal de inteligencia pura o saber supremo. Venus sustituye a la Virgen, expresando una fascinación hacia la mitología común a muchos artistas del Renacimiento.

Una de las Horas o Ninfas que espera a la diosa en la playa, para cubrirla con un manto rojo con motivos florales. Se cree que se trata, específicamente, de la Primavera, la estación del renacer. Lleva un traje floreado: es blanco y está bordado de acianos. Un cinturón de rosas rodea su cintura y en el cuello luce una elegante guirnalda de mirto, planta sagrada de Venus y símbolo del amor eterno. Entre sus pies florece una anémona azul.

El que la ninfa tape con su manto a la diosa es señal de que los misterios de Venus, como los del conocimiento, se encuentran ocultos.

No existe preocupación por la perspectiva ni por la creación del espacio, hay un desprecio consciente a lo experimentado anteriormente. La preocupación se centra en la línea, lo curvo, los fondos planos, y la profundidad atmosférica. Prima el dibujo sobre la imitación de la naturaleza. Es una forma de representar que hoy se llama “arte intelectualizado”.

El paisaje no recibe especial interés por el pintor, lo que es una característica de Botticelli, como él mismo reconoció ante Leonardo da Vinci. Los árboles forman parte de un pequeño bosque de naranjos en flor, esto corresponde al sagrado jardín de las Hespérides en la mitología griega. No obstante, los naranjos, lo mismo que el laurel, también presente, pueden entenderse como alusiones a la familia Médicis. Destacan los ropajes, caracterizados por tener una gran marcación de pliegues. Esta composición es de estructura más rigurosa, llena de líneas y de movimientos armónicos.

Se trata de una pintura de extraordinaria calidad por la representación microscópica de los detalles, las proporciones de los personajes concretos y por sus relaciones mutuas.


William-Adolphe Bouguereau

23/10/2009
William-Adolphe Bouguereau

(La Rochelle 30 de noviembre de 1825 – 19 de agosto de 1905) Fue un pintor académico francés. Entre las personalidades de la época que confesaron admiración por su obra cabe destacar el pianista y compositor romántico Chopin.

Biografía

Bouguereau en su estudio.

Cupidon, el Amor.
1875. Bridgeman Art Library at London

Love on the Look Out, Amor en la Mirada.1890

L’âme parentale (The Motherland, la Madre de todos los seres)1883.

Le Printemps (The Return of Spring. El regreso de la primavera)1866.

The First Kiss. El primer beso.1873


Odilon Redon

23/10/2009
Odilon Redon (22 de abril de 1840 – 6 de julio de 1916) fue un pintor simbolista, nacido en Burdeos, Aquitania, Francia. Es considerado un pintor postimpresionista, dentro de la corriente del simbolismo, aunque también se le considera como uno de los primeros precursores del surrealismo.

Biografía

Recibió formación como escultor, así como en grabados y litografías. En 1870 se unió al ejército para servir en la guerra franco-prusiana. Después de la guerra, en París, trabajó casi exclusivamente a carboncillo y litografía. Su primer álbum de litografías fue Dans le Rêve (1879). Mantuvo cierto anonimato hasta que se publicó una novela de culto en 1884, de Joris-Karl Huysmans titulada À rebours (A Contrapelo), en la que aparece un aristócrata decadente que colecciona dibujos de Redon. Admirador de Poe, su relación con la literatura le llevaría a ilustrar varios libros de su amigo Baudelaire. También mantendría una estrecha relación con científicos como Armand Clavaud (quien le hace estudiar anatomía, osteología y zoología), o Charles Darwin. Todas estas influencias se reflejarían en su trabajo.

En 1884 fue uno de los fundadores del Salón de artistas independientes, para poder exponer con libertad, separadamente del Salón oficial de París.

En los años 1890 empezó a usar el pastel y el óleo, que dominaron sus obras durante el resto de su vida.

Obra

La Obra de Odilon Redon se inicia en curiosa oposición a la corriente impresionista dominante en su época. Mientras los impresionistas experimentan con el color, Redon trabaja en una extraordinaria serie de dibujos y litografías que él mismo llamaría “Los Negros”.

Toda mi originalidad consiste en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, poniendo, dentro de lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible.

Así, Redon da rienda suelta a su fantasía, entremezclando mitos paganos con materialismo científico, animales imaginarios con maquinaria de la Revolución industrial. En su iconografía poética de lo corriente derivado en extravagante y místico se halla la clave tanto del entusiasmo suscitado por su trabajo en contemporáneos como los Nabis como de su futura consideración como precursor del surrealismo.

Hasta 1890 su trabajo fue casi exclusivamente en blanco y negro, pero poco a poco, y rondando ya los cincuenta años, sus litografías se tornan más luminosas, hasta alcanzar finalmente el color. Es entonces cuando las litografías y dibujos al carbón son sustituidos por acuarelas y óleos. Sus temas siguen siendo los mismos: mitos clásicos, orientales, bíblicos, literarios y científicos adaptados a su particular y un tanto alucinada visión interior.

La personalidad artística de Odilon Redon está muy ligada a sus primeras experiencias vitales. Bertrand-Jean Redon -cuyo apodo de Odilon deriva del nombre de su madre, Odile- nace en Burdeos en 1840. Su familia acababa de regresar de Nueva Orleáns, donde su padre había hecho una pequeña fortuna desbrozando bosques. La mítica imagen paterna de un aventurero libre y decidido contrasta con el carácter ensimismado y soñador del pintor, poco proclive a la acción -”sólo vivía para mí, sintiendo repulsión.. por cualquier esfuerzo físico”-. Este talante iba a fraguarse en su infancia, que transcurre en la campiña francesa; sus problemas de salud aconsejaron que el pequeño Odilon abandonara el hogar familiar de Burdeos para residir, confiado a un viejo y bondadoso tío, en Peyrelebade, en el saludable ambiente del campo.

El arte como evasión

Para este “ser flotante, contemplativo, completamente arropado por sus sueños”, la vuelta a Burdeos a los once años para comenzar a ir a la escuela constituye un duro golpe. Intentando vencer el hastío que le provoca la sordidez de su nueva vida, el joven se refugia más que nunca en su mundo interior. En estas fechas tiene intensas experiencias estéticas, en ocasiones teñidas de ciertas dosis de arrebato místico.
Por otra parte, aparecen ya unas inquietudes creativas que se concretan en la realización de copias de grabados de la época y en la práctica de la escultura.
Por imposición de su padre, trabaja en calidad de aprendiz en el estudio de un arquitecto con el fin de prepararse para los estudios oficiales de arquitectura en la Escuela de Bellas Artes, proyecto que no llegaría a cumplirse al suspender el examen de ingreso.

Una larga formación

Dos personajes ejercerán una influencia poderosísima en el largo periodo de formación como artista de Redon. El primero es el acuarelista Stanislas Gorin, un pintor romántico que, como profesor particular de dibujo, desarrollará un magisterio benévolo y enriquecedor, transmitiéndole su interés por artistas que habrían de ser esenciales en la conformación de su estilo, como Corot, Millet y, sobre todo, Delacroix. De esta época es también el primer contacto de Redon con la obra inicial del que habría de convertirse en otro de los grandes del simbolismo, Gustave Moreau. Si Gorin le abre los ojos al arte, un curioso personaje con el que le unirá una gran amistad, Armand Clavaud, se los abrirá a la literatura y la ciencia; biólogo dotado de una extraordinaria erudición, se sentía fascinado por el mundo de los seres microscópicos, ámbito en el que se diluyen las barreras entre lo animal y lo vegetal. Clavaud, de quien Redon diría que era “tan sabio como artista”, le inició a la literatura contemporánea, especialmente a la obra de Flaubert, Baudelaire y Poe, así como al misterioso mundo de la poesía hindú. Como Gorin, Clavaud admiraba vehementemente a Delacroix. Tras un penoso episodio -que el artista definiría en términos de “tortura”- en la Escuela de Bellas Artes de París, donde su espíritu libre choca con el rígido academicismo de su profesor Gerome, hacia 1864 Redon conoce al personaje que mayor influencia habría de ejercer en su formación, el dibujante y grabador Rodolphe Bresdin. Artista dotado de una prodigiosa imaginación, dejaría en el pintor bordelés una huella profunda. Las primeras obras de Redon están directamente inspiradas en el mundo de las imágenes alucinadas de Bresdin y en su deseo de trascender de la mera representación de la apariencia física de los objetos. Hacia 1874 puede decirse que la formación del pintor ha concluido: con treinta y cuatro años se halla en posesión de un estilo plenamente personal.

El período oscuro

La nota que caracteriza la producción de Redon durante los tres lustros que van desde este año al de 1890 es la total supresión del color. Litografías, dibujos a lápiz y, sobre todo, a carboncillo constituyen un conjunto que Redon denominó Los Negros. En un escenario artístico como el francés de los años ochenta, totalmente dominado por el color, la sombría austeridad de esta obra no podía encontrar muchos compradores. No obstante, la publicación de carpetas de litografías, de una tirada no superior a los cincuenta ejemplares, contribuyó a la expansión del círculo de sus clientes. Entre estos iniciados se encontraban Stéphane Mallarmé, el más notable de los poetas simbolistas, y J.K. Huysmans, autor de A Rebours, auténtica “biblia” del decadentismo finisecular. En 1890, Redon regresa al mundo del color. En un artista que concibe el arte como una síntesis entre los estímulos de la realidad exterior y el mundo interior, no es difícil relacionar las mutaciones del estilo con los avatares de su vida privada: si el momento más oscuro de su producción, a mediados de la década de los ochenta, había coincidido con las muertes de una hermana, de su primer hijo antes de cumplir un año, y de su amigo Hennequin, el nacimiento de su segundo hijo, An, sin duda influirá en la nueva vitalidad que desprende su obra a partir de 1890.

El color

Ejemplos del nuevo espíritu son obras como “Oannes” o “Los ojos cerrados”, ambas de ese año, óleos que reproducen motivos ya representados en blanco y negro. Desde 1895 el pintor se consagra a la pintura al óleo y al pastel y su obra gira alrededor de una serie de temas recurrentes, como los jarrones de flores, la mitología, los cuadros de tema religioso o la representación de la figura humana. Su actitud de artista original y comprometido con sus ideas -que le llevara en 1884 a la presidencia del grupo de los Independientes- le granjea la admiración de la nueva generación de pintores, especialmente de los que componen el grupo de los nabis, quienes, tras la marcha de Gauguin a Tahití en 1891, le adoptan como maestro. Poco a poco, su obra va perdiendo el carácter minoritario, hecho que se constata en su participación con cuarenta obras en la Exposición Internacional de Arte Moderno de Nueva York de 1913, el famoso Armory Show. En 1916, Redon encuentra la muerte, una vieja amiga con la que durante toda su vida mantendría una ambigua relación de amor y odio.

Él se acercó al tema de lo religioso y mitológico. Lo más importante es su interés hacia lo inconsciente, lo onírico y temas fantásticos. Los temas que cultiva tienen gran conexión con el Surrealismo. En su primera etapa (1875-1895) hace sobre todo grabados, litografías, dibujos y alguna pintura.

Mystery

(Sin fecha. Oleo sobre lienzo, 73 x 53,9 cm) The Phillips Collection, Washington, DC.

Una joven mujer contempla la Naturaleza y se hace una con ella.

Hombre anciano alado y con barba
(Pastel, Musée d´Orsay, París)

La llama
(1896, pastel, óleo sobre lienzo, colección privada)


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.