Odilon Redon

Odilon Redon (22 de abril de 1840 – 6 de julio de 1916) fue un pintor simbolista, nacido en Burdeos, Aquitania, Francia. Es considerado un pintor postimpresionista, dentro de la corriente del simbolismo, aunque también se le considera como uno de los primeros precursores del surrealismo.

Biografía

Recibió formación como escultor, así como en grabados y litografías. En 1870 se unió al ejército para servir en la guerra franco-prusiana. Después de la guerra, en París, trabajó casi exclusivamente a carboncillo y litografía. Su primer álbum de litografías fue Dans le Rêve (1879). Mantuvo cierto anonimato hasta que se publicó una novela de culto en 1884, de Joris-Karl Huysmans titulada À rebours (A Contrapelo), en la que aparece un aristócrata decadente que colecciona dibujos de Redon. Admirador de Poe, su relación con la literatura le llevaría a ilustrar varios libros de su amigo Baudelaire. También mantendría una estrecha relación con científicos como Armand Clavaud (quien le hace estudiar anatomía, osteología y zoología), o Charles Darwin. Todas estas influencias se reflejarían en su trabajo.

En 1884 fue uno de los fundadores del Salón de artistas independientes, para poder exponer con libertad, separadamente del Salón oficial de París.

En los años 1890 empezó a usar el pastel y el óleo, que dominaron sus obras durante el resto de su vida.

Obra

La Obra de Odilon Redon se inicia en curiosa oposición a la corriente impresionista dominante en su época. Mientras los impresionistas experimentan con el color, Redon trabaja en una extraordinaria serie de dibujos y litografías que él mismo llamaría “Los Negros”.

Toda mi originalidad consiste en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, poniendo, dentro de lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible.

Así, Redon da rienda suelta a su fantasía, entremezclando mitos paganos con materialismo científico, animales imaginarios con maquinaria de la Revolución industrial. En su iconografía poética de lo corriente derivado en extravagante y místico se halla la clave tanto del entusiasmo suscitado por su trabajo en contemporáneos como los Nabis como de su futura consideración como precursor del surrealismo.

Hasta 1890 su trabajo fue casi exclusivamente en blanco y negro, pero poco a poco, y rondando ya los cincuenta años, sus litografías se tornan más luminosas, hasta alcanzar finalmente el color. Es entonces cuando las litografías y dibujos al carbón son sustituidos por acuarelas y óleos. Sus temas siguen siendo los mismos: mitos clásicos, orientales, bíblicos, literarios y científicos adaptados a su particular y un tanto alucinada visión interior.

La personalidad artística de Odilon Redon está muy ligada a sus primeras experiencias vitales. Bertrand-Jean Redon -cuyo apodo de Odilon deriva del nombre de su madre, Odile- nace en Burdeos en 1840. Su familia acababa de regresar de Nueva Orleáns, donde su padre había hecho una pequeña fortuna desbrozando bosques. La mítica imagen paterna de un aventurero libre y decidido contrasta con el carácter ensimismado y soñador del pintor, poco proclive a la acción -“sólo vivía para mí, sintiendo repulsión.. por cualquier esfuerzo físico”-. Este talante iba a fraguarse en su infancia, que transcurre en la campiña francesa; sus problemas de salud aconsejaron que el pequeño Odilon abandonara el hogar familiar de Burdeos para residir, confiado a un viejo y bondadoso tío, en Peyrelebade, en el saludable ambiente del campo.

El arte como evasión

Para este “ser flotante, contemplativo, completamente arropado por sus sueños”, la vuelta a Burdeos a los once años para comenzar a ir a la escuela constituye un duro golpe. Intentando vencer el hastío que le provoca la sordidez de su nueva vida, el joven se refugia más que nunca en su mundo interior. En estas fechas tiene intensas experiencias estéticas, en ocasiones teñidas de ciertas dosis de arrebato místico.
Por otra parte, aparecen ya unas inquietudes creativas que se concretan en la realización de copias de grabados de la época y en la práctica de la escultura.
Por imposición de su padre, trabaja en calidad de aprendiz en el estudio de un arquitecto con el fin de prepararse para los estudios oficiales de arquitectura en la Escuela de Bellas Artes, proyecto que no llegaría a cumplirse al suspender el examen de ingreso.

Una larga formación

Dos personajes ejercerán una influencia poderosísima en el largo periodo de formación como artista de Redon. El primero es el acuarelista Stanislas Gorin, un pintor romántico que, como profesor particular de dibujo, desarrollará un magisterio benévolo y enriquecedor, transmitiéndole su interés por artistas que habrían de ser esenciales en la conformación de su estilo, como Corot, Millet y, sobre todo, Delacroix. De esta época es también el primer contacto de Redon con la obra inicial del que habría de convertirse en otro de los grandes del simbolismo, Gustave Moreau. Si Gorin le abre los ojos al arte, un curioso personaje con el que le unirá una gran amistad, Armand Clavaud, se los abrirá a la literatura y la ciencia; biólogo dotado de una extraordinaria erudición, se sentía fascinado por el mundo de los seres microscópicos, ámbito en el que se diluyen las barreras entre lo animal y lo vegetal. Clavaud, de quien Redon diría que era “tan sabio como artista”, le inició a la literatura contemporánea, especialmente a la obra de Flaubert, Baudelaire y Poe, así como al misterioso mundo de la poesía hindú. Como Gorin, Clavaud admiraba vehementemente a Delacroix. Tras un penoso episodio -que el artista definiría en términos de “tortura”- en la Escuela de Bellas Artes de París, donde su espíritu libre choca con el rígido academicismo de su profesor Gerome, hacia 1864 Redon conoce al personaje que mayor influencia habría de ejercer en su formación, el dibujante y grabador Rodolphe Bresdin. Artista dotado de una prodigiosa imaginación, dejaría en el pintor bordelés una huella profunda. Las primeras obras de Redon están directamente inspiradas en el mundo de las imágenes alucinadas de Bresdin y en su deseo de trascender de la mera representación de la apariencia física de los objetos. Hacia 1874 puede decirse que la formación del pintor ha concluido: con treinta y cuatro años se halla en posesión de un estilo plenamente personal.

El período oscuro

La nota que caracteriza la producción de Redon durante los tres lustros que van desde este año al de 1890 es la total supresión del color. Litografías, dibujos a lápiz y, sobre todo, a carboncillo constituyen un conjunto que Redon denominó Los Negros. En un escenario artístico como el francés de los años ochenta, totalmente dominado por el color, la sombría austeridad de esta obra no podía encontrar muchos compradores. No obstante, la publicación de carpetas de litografías, de una tirada no superior a los cincuenta ejemplares, contribuyó a la expansión del círculo de sus clientes. Entre estos iniciados se encontraban Stéphane Mallarmé, el más notable de los poetas simbolistas, y J.K. Huysmans, autor de A Rebours, auténtica “biblia” del decadentismo finisecular. En 1890, Redon regresa al mundo del color. En un artista que concibe el arte como una síntesis entre los estímulos de la realidad exterior y el mundo interior, no es difícil relacionar las mutaciones del estilo con los avatares de su vida privada: si el momento más oscuro de su producción, a mediados de la década de los ochenta, había coincidido con las muertes de una hermana, de su primer hijo antes de cumplir un año, y de su amigo Hennequin, el nacimiento de su segundo hijo, An, sin duda influirá en la nueva vitalidad que desprende su obra a partir de 1890.

El color

Ejemplos del nuevo espíritu son obras como “Oannes” o “Los ojos cerrados”, ambas de ese año, óleos que reproducen motivos ya representados en blanco y negro. Desde 1895 el pintor se consagra a la pintura al óleo y al pastel y su obra gira alrededor de una serie de temas recurrentes, como los jarrones de flores, la mitología, los cuadros de tema religioso o la representación de la figura humana. Su actitud de artista original y comprometido con sus ideas -que le llevara en 1884 a la presidencia del grupo de los Independientes- le granjea la admiración de la nueva generación de pintores, especialmente de los que componen el grupo de los nabis, quienes, tras la marcha de Gauguin a Tahití en 1891, le adoptan como maestro. Poco a poco, su obra va perdiendo el carácter minoritario, hecho que se constata en su participación con cuarenta obras en la Exposición Internacional de Arte Moderno de Nueva York de 1913, el famoso Armory Show. En 1916, Redon encuentra la muerte, una vieja amiga con la que durante toda su vida mantendría una ambigua relación de amor y odio.

Él se acercó al tema de lo religioso y mitológico. Lo más importante es su interés hacia lo inconsciente, lo onírico y temas fantásticos. Los temas que cultiva tienen gran conexión con el Surrealismo. En su primera etapa (1875-1895) hace sobre todo grabados, litografías, dibujos y alguna pintura.

Mystery

(Sin fecha. Oleo sobre lienzo, 73 x 53,9 cm) The Phillips Collection, Washington, DC.

Una joven mujer contempla la Naturaleza y se hace una con ella.

Hombre anciano alado y con barba
(Pastel, Musée d´Orsay, París)

La llama
(1896, pastel, óleo sobre lienzo, colección privada)

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